LAS RAICES DE CASA ROBLES

Juan Robles mantiene viva la llama de sus orígenes. En primera persona, Juan Robles nos relata que fue a mediados de los años treinta del pasado siglo, en los umbrales de unos tiempos difíciles que alumbraban la fatídica y temida guerra civil española, cuando yo nací en Sevilla. Mis padres Pedro Robles y Laura Pérez, de Villalba del Alcor, tenían algunas pequeñas tierras heredadas de mis abuelos, las cuales trabajadas como antiguamente era costumbre por los habitantes de los pueblos. Mi padre había puesto sus miras en la compra de pequeñas parcelas de tierras con viñedos, para así dedicarse en pleno al cultivo de la vid y a la producción de vino, tan en auge por aquel entonces por toda la zona del Condado. Con el tiempo, poco a poco compró en distintas zonas de labor de Villalba del Alcor, tierras buenas de labranza conocidas por nombres muy particulares como, ‘las Cabrerizas’, ‘La Gesa’, ‘Los Morantes’, ‘La Estación’ (junto a la antigua estación de ferrocarril), y otras. En el pueblo, en la calle Altarazana consolidó una bodega que llamaron ‘La Altarazana’, donde hacían las vendimias de la temporada y almacenaban los caldos obtenidos en bodegas de roble.

Debido a la gran producción de caldos que allí se elaboraban _añade Juan Robles_, mi padre decidió instalar una taberna en Sevilla, en el concurrido barrio de la Puerta Osario, cerca de la cochera de los tranvías. Allí vendió desde 1935 parte de los mostos, vinos blancos y aguardientes que procedían de la bodega de Villalba. Años más tarde, mis padres proyectaron abrir otra bodega en el sevillano barrio de la puerta de la Carne, cerca de la antigua Judería, para así seguir con el mismo procedimiento de venta de vinos de la tierra, pero no lo concretaron y pensaron en otro lugar más céntrico. Por esas fechas, había otras tendencias distintas a las de hoy, el vino y mostos del Condado de Huelva tenían una gran participación e importancia en las costumbres de entonces.

Cuando cumplí los 19 años _recuerda Juan Robles con cariño hacia su padre_, ya en 1954, abrimos junto a la catedral el que sería emblema definitivo de la actual Casa Robles, una bodeguita pequeña, donde también se vendían los vinos de Villalba. Hasta entonces yo me había ido formando en el negocio siguiendo sus consejos y ejemplos de trabajo y comportamiento. Y desde 1954, ya en la calle Álvarez Quintero, puede decirse que yo comandaba la nueva bodega con una ilusión enorme.

Pasados algunos años de aquella iniciativa, Pedro Robles decidió repartir a cada hijo las tierras y negocios que entre todos habían creado, como simiente de empresa familiar, quedando para Juan Robles la Bodeguita de Álvarez Quintero y algunas tierras de Villalba. Tierras que Juan Robles optó por vender a sus hermanas, y así invertir en la pequeña bodega, para empezar la trayectoria que hoy podemos narrar. De manera que el cultivo de la vid quedó para Juan Robles fuera de su contexto aunque sin perder sus raíces villalbinas debido a que sus hermanas y cuñados seguían manteniendo los cultivos y la bodega. Así que quedó en segundo plano la viticultura para dejar paso a la hostelería por entonces tan poco valorada. Con el paso de los años las tierras de cultivo de la vid se fueron perdiendo para sembrar otras cosechas, y así el negocio del vino fue cayendo en general para tomar otros derroteros. Para Juan Robles la evolución empresarial fue constante año tras año, hasta nuestros días, quedando consolidado de por vida en zona céntrica de la catedral, donde fue sumando nuevos establecimientos afines. Estas fueron las raíces con Villalba del Alcor, que aún hoy sigue manteniendo vivas, como perenne recuerdo de gratitud a sus padres, los primeros forjadores del actual Robles Restaurantes.

Ahora, en medio siglo de existencia, Robles Restaurantes constituye un exponente positivo de la cocina sevillana y andaluza. Desde sus comienzos como bodega y bar, Juan Robles siempre apostó por rescatar, mantener y proyectar en todos los ámbitos nuestra cultura gastronómica. De manera que Robles Restaurantes promocionó siempre la cocina autóctona, basada en productos preferentemente estacionales, rescatando antiguas recetas de nuestros pueblos y haciendo hincapié en la repostería artesanal hecha en casa sin aditivos ni colorantes artificiales. De ahí que Casa Robles sea sinónimo de calidad y servicio reconocido y avalado por muchos años de tradición en Sevilla, medio siglo cumplido.

Cinco establecimientos con el sello de Robles Restaurantes cubre en la actualidad diferentes segmentos en restauración, manteniendo vivo el afán de superación. Juan Robles y su equipo siguen investigando y creciendo para ofrecer una mayor calidad, tanto en aspectos técnicos y tecnológicos como en el trato humano de atención al cliente.